Luis Ángel N., alias Jaime Andrade Sánchez, el secuestrador que se escapó la semana pasada en la autopista a la altura de Amozoc mientras lo trasladaban a Puebla, no es nuevo en esto de burlar a la justicia. Resulta que en 2017 ya se había fugado del penal distrital de Tepeaca, donde enfrentaba su primer juicio por secuestro. En esa ocasión, se fue con ayuda de otro preso, aprovechando la salida de visitas y la confusión para pasar por la puerta principal. Esto dejó claro desde entonces que la seguridad en las cárceles de Puebla tiene serios huecos.
Después de dos años prófugo, lo atraparon en 2019 en Tehuacán cuando estaba en un hospital privado por una lesión en el rostro, justo días después de secuestrar a otra persona. Esa víctima fue vista por última vez cerca del centro comercial Paseo Tehuacán el 29 de mayo de ese año. Por ese secuestro, la Fiscalía logró condenar el pasado 4 de junio a Juana N., cómplice de Luis Ángel, a 60 años de prisión y una multa de más de 422 mil pesos. El grupo criminal pidió 500 mil pesos por la liberación, pero solo recibieron 300 mil y aún así la víctima no regresó.
Ahora, con la fuga reciente de Luis Ángel N. durante un traslado oficial, la familia de la víctima de Tlacotepec de Benito Juárez está en alerta máxima, con miedo real a que busque venganza. Además, la evasión pone en duda si la víctima sigue con vida, ya que sin el prófugo no hay pistas claras sobre su paradero.
La Secretaría de Seguridad Pública de Puebla informó que los dos policías encargados de custodiarlo fueron puestos a disposición de la Fiscalía para investigar si hubo negligencia o complicidad, pero hasta ahora no hay rastro de Luis Ángel N.
Esto es lo que necesitas saber: la justicia en Puebla sigue fallando a quienes más sufren, mientras un secuestrador peligroso anda libre y una familia sigue sin respuestas. ¿Hasta cuándo la seguridad y el derecho a la justicia serán para todos?

