En plena cuenta regresiva para el Mundial 2026, un tal Daniel Ramírez Arévalo se volvió viral por todo lo malo: vendió boletos que no tenía para la inauguración en el Estadio Ciudad de México y se llevó 14 millones de pesos de varios fans mexicanos que confiaron en él.
La bronca explotó después del partido México vs. Sudáfrica, el 11 de junio, cuando los compradores, que pagaron entre 23 y 90 mil pesos por entrada, no recibieron ni un solo boleto. Daniel ofreció unos 60 boletos en total: 40 de platea alta, 10 de platea baja y 10 en zona de media cancha.
Lo más loco es que, para evadir a la banda que lo buscaba, Daniel fingió la muerte de su mamá y hasta mandó un audio diciendo que había fallecido. Pero la mamá salió a desmentir todo y hasta publicó una ficha de búsqueda porque su hijo desapareció.
Las redes sociales explotaron con denuncias y testimonios, y la Comisión de Búsqueda del Estado de México también se metió al caso. Mientras tanto, Daniel sigue desaparecido y nadie sabe qué va a pasar con esos 14 millones que se llevó.
Esto es lo que necesitas saber: en un país donde moverse y acceder a eventos debería ser un derecho, este fraude solo muestra cómo la desigualdad y la impunidad siguen ganando terreno. Y aunque el Mundial trae esperanzas de cambio, casos así nos recuerdan que la justicia y la movilidad digna no son para todos.
Puebla, que también espera su parte del Mundial, no puede quedarse atrás en exigir que estos abusos no queden impunes. Porque moverse bien y sin engaños también es parte de vivir con justicia.

